Ironía pop II

“Estás linda hoy”, atinó a decir él.

“Gracias”, contestó ella.

Los dos mantenían los ojos en la alfombra verde desteñida, incapaces de levantar la mirada para encontrarse. Caminaron en fila por el estrecho pasillo de butacas del anfiteatro, que seguía llenándose paulatinamente.

“¿Vos todo bien?”, insistió él a modo de charla de salón. Se sentó en el medio de la fila, casi en el centro de la sala.

“Sí, todo tranquilo”, replicó ella, lacónica, mientras se acomodaba al lado.

“Te queda lindo el pelo suelto, largo. Me gusta más que cuando lo tenías corto. Se te arman más los rulos así”, declaró él.

“Gracias, Migue. Sí, me gusta más así”, convino ella.

“Bueno, Lu, no sé de qué podemos hablar”, dijo él, rascándose un poco la barba de tres días.

Mientras tanto, ella buscaba sin parar algo que nunca encontraría en su bolso de cuero. Un espejo, un peine, el celular, cualquier cosa le ayudaría a distraerse, pero tenía los dedos torpes y no estaba prestando atención a sus movimientos. Desistió.

“Qué raro es encontrarnos acá”, dijo finalmente él.

“La verdad que sí. Yo no quería venir, pero después me mataron las ganas de saber qué dice exactamente”, corroboró ella, y él asintió.

Las luces bajaron repentinamente y la sala quedó en penumbras, con un reflector que apuntaba al escenario donde había una mesa, tres sillas y una jarra de agua y tres vasos. Había unas cincuenta personas presentes.

Dos hombres entraron a escena y se sentaron en las sillas de los costados. El público aplaudió al ver subir a una mujer de unos treinta años, con el pelo platinado y un vestido negro con flores estampadas, muy ceñido al cuerpo.

“Yo se lo regalé. Para un cumpleaños”, le susurró ella al oído.

Apenas cesaron los aplausos, uno de los hombres, canoso y con anteojos, tomó la palabra para presentar a la “joven promesa literaria”, al “prodigio de la narrativa contemporánea”. En sus palabras, a “una mujer que supo desnudar el sentimiento de su generación, tan desconectada, tan atribulada y enredada en los nuevos medios de comunicación”.

Nuevamente aplausos, y tras el silencio, la rubia tomó un trago de agua y empezó su discurso: “Quiero agradecerles a todos por estar hoy acá. Este libro significa mucho para mí, y sé que para mucha gente también”.

Los ojos se le empezaban a llenar de lágrimas. Podía sentir sus mejillas volverse más acaloradas y rosadas y las manos le empezaron a temblar. No encontraba posición en el asiento entre el público. Rezaba para que él no se diera cuenta.

La veía ahí, parada, hablando de lo que su libro significaba para ella.

“Como todos saben, para mí fue muy fuerte escribirlo porque sus protagonistas son personas reales, gente que yo quiero”, dijo la autora, e hizo especial énfasis en “quiero”.

“Es algo que le puede pasar a cualquiera. Amar, perder, lamentarse, y que las redes sociales jueguen un papel tan corrosivo...”, siguió perorando la rubia desde el escenario.

“No puede ser tan cara rota. No fue así”, espetó ella.

“¿Qué dijiste?”, preguntó él a su lado.

“Nada, Migue, mejor dejá. Sólo que no puedo creer que sea tan cara rota como para decir que fueron las redes sociales. Lo que hizo no tiene nombre”, dijo ella.

“No sé por dónde empezar a leer, para que se den una idea”, comentó la flamante autora tomando un ejemplar de su obra.

“Empecemos por el principio, cuando ella lo ignora a él, después salen, se aman una noche y nunca más vuelven a hablarse. ¿Habrá sido real ese amor?”, preguntaba la rubia, con énfasis en “amor”.

"Pero después, él vuelve a buscarla y ella se deja llevar por lo que decían otras personas, en las redes sociales", resumió complacida.

“Y bueno, Lu, ¿porque estás acá? No hubieses venido”, le contestó él entre susurros.

“Sí, ¿y vos por qué viniste?”, retrucó indignada.

“Y... porque es mi amiga”, se apresuró a contestar él.

“¿Sentís que es tu amiga después de que tomó tu historia para hacer su novela?”

“No sé, qué se yo”

“Yo no. No fueron las redes sociales. Fue la vida real, donde una persona presenta a sus dos amigos, ellos empiezan a salir y después descubre que no puede tolerar que sean pareja”

“Me parece que te estás yendo de tema... Lo que pasó fue mucho más complicado que eso. No le podés echar la culpa a ella”

“No. Pero sí puedo sentirme un títere mal usado”, protestó en voz baja.

Sus dedos finalmente encontraron la correa de su bolso. Se lo puso al hombro y se paró. Salió de la fila con cuidado de no golpear las rodillas de una pareja que estaba sentada en la punta.

Una mano tocó su espalda a mitad del pasillo. La había seguido. Llegaron juntos a la puerta del pequeño teatro y salieron. Tenían los ojos achinados por el repentino caudal de luz.

“No podés irte así. No fue culpa suya, vos decidiste ponerte así, mal”, insistió él, ahora en voz alta.

“Si me puse mal fue porque me superó la situación y nunca lo hablamos, porque no quisiste ni hacer el esfuerzo. Y vos decidiste escucharla a ella”, le reprochó.

"Lu, ella no hizo nada malo. Lo nuestro fue complicado. No funcionó porque no tuvimos química y listo”, explicó él.

“Ella me dijo que no te hablara más después de eso. No sé por qué no seguí su consejo. No sé qué te habrá dicho a vos. Explicáme para qué volviste después de que cortamos”, preguntó ella, con los ojos vidriosos.

“No sé. Te juro que no sé. No estaba seguro”, masculló él.

“Bueno, ¿me querías?”, preguntó ella con un hilo de voz.

“Sí, en un momento, sí”, admitió él.

“Cuando uno quiere a alguien trata de llevarse bien y de estar presente. No se borra y aparece cuando le viene bien. Yo no te hubiera hecho eso. No te ignoré nunca”, espetó ella.

Lo último que él vio fue su espalda. El blazer verde, con la tira de la cartera de cuero cruzada. Su pelo ensortijado cayendo sobre sus hombros. Se rascó la barba. Escuchó los aplausos en la sala y la rubia apareció a sus espaldas.

Sintió los brazos de ella rodeando su cintura, y su mentón sobre su hombro.

"Y, Migue, ¿cómo lo tomó? ¿Se fue muy enojada?”, preguntó la rubia.

“Sí, todo mal. Pero, bueno, ya fue”, contestó él.

1 comentario:

Sol dijo...

recién llego acá y como que no entendí mucho.. pero para mi Miguel y la rubia estan juntos.