"Como te ven, te tratan"

Ya lo decía Mirtha Legrand: "Como te ven te tratan, si te ven mal, te maltratan"... ¿o no era así la frase? La cuestión es que entré en ira con mi madre, una vez más. Cuando está todo bien ella es "mamachan", pero cuando hace ESTAS cosas... es Madre.

Lo curioso del cuento, que ocurrió el lunes pasado, es que me enojé con ella, pero no por algo que hubiera hecho sino por algo que no hizo, y que no me afectaba de manera directa (o de manera alguna). Es sólo que me indignó.

Mamá Chan y yo nos tomamos un colectivo para volver desde una localidad en la provincia de Buenos Aires. El bondi en cuestión era de la línea CATA y venía desde Mendoza cargado de pasajeros con acentos muy lejanos al porteño (quizás chilenos, quizás mendocinos, quizás cordobeses, quilosá).

Al subir, nos dimos cuenta de que no nos sentaríamos juntas sino que yo me sentaría con un señor que hablaba mucho por teléfono y Mamá Chan compartiría asiento con una señora de unos 50 años con un push up que le recogía la anatomía y se la colocaba en suspenso sobre las clavículas. Exceso de maquillaje, el pelo teñido color remolacha y algunas arrujas arremolinándose en sus ojos olvidables, la mujer sonreía impávida al vernos paradas en el pasillo al lado suyo.

Un señor que había subido al coche justo detrás nuestro reclamó la butaca número 27, junto a la ventana, y a Mamá Chan le tocaba la 28, junto al pasillo. Eso dejaba la incógnita de dónde se sentaría la mujer. La señora en cuestión había apoyado sus pertenencias (una cartera, un buzo y un bolso abultado) en el asiento 27 y se había depositado a sí misma en el que le correspondía a mi madre.

"Ah, pero ió tengo el número 27", se defendió la mujer. "Sí, pero está sentada en el 28", le contesté. Mientras tanto, el hombre gritaba desde el otro extremo del pasillo "Me equivoqué, no era mi asiento".

Entonces, la mujer se movió a su lugar. Mejor dicho, se movió a la mitad de su butaca, ya que quedó sentada justo donde se unen los dos almohadones. Siendo una señora de edad y volumen considerables, Mamá Chan se sentó con cuidado y en silencio en la porción del asiento que le quedaba, aún sabiendo que estaba apretada innecesariamente.

"Listo, ya estoy ubicada", declaró estoica. Ahí me indigné y dije basta. En voz alta y clara agregué a la escena "lo que no quita que la señora está sentada en la mitad de tu asiento", a lo que la mujer contestó sonriente con un cantito lejano "no, lo que pasa es que es gordita".

WTF?! ¿Le dijo "GOR - DI - TA" a MI Madre? Inadmisible. Chan replicó: "No, lo que pasa es que su bolso está ocupando la mitad del suyo". Simple, evidente y sin sutilezas que entorpezcan el mensaje. Aún así, la mujer desvió la mirada, movió levemente sus pertenencias y siguió sentada prácticamente sobre el muslo izquierdo de mi madre durante las 5 horas que duró el viaje.

Tardé al menos 10 minutos en calmarme. El hombre con quien yo compartía asiento me miró con cara dubitativa... no sabía si descargaría un golpe de ira sobre él o qué. Podría haber sido mucho más violenta sobre todo después de que la mujer le faltara el respeto a MI Madre de ese modo, como si su trasero no tuviera también problemas con la gravedad y la ley de expansión.

De vuelta en casa, Mamá Chan quiso comer unas galletitas dulces pero la contuve a ladrido limpio. Ella me hizo notar mi mal modo, a lo que le contesté desde el fondo de mi ser: "¿Por qué no puedo hablarte mal? Otros lo hacen y no haces nada".

"Estaba cansada como para discutir", se excusó sobre el episodio. Pero hay veces que no sirven las explicaciones. ¿Por qué alguien se dejaría pasar por arriba de ese modo? ¿Por qué no defenderse? Esa mujer la insultó y ella no opuso resistencia.

No se puede estar cansado para defender la dignidad de uno. Y nadie, ni siquiera uno de los propios hijos, puede hacerlo en su lugar.

2 comentarios:

Mechi del Carril dijo...

que te puedo decir, es de familia el no defenderse... entiendo tu impotencia y aplaudo que la hayas defendido...

besos

m. dijo...

A poner en práctica el propio consejo Chan...