Leer para ser

Todos los adultos, sin importar cuán poco les guste el ejercicio de seguir la sucesión de letras que forman palabras y oraciones, deberían leer al menos una vez en la vida el libro "El principito", de Antoine de Saint Exupéry. Puede que parezca una obra infantil o demasiado naïf para ser tomada en serio, pero está lleno de frases sabias, algún que otro consejo práctico y mucha poesía, que aporta una belleza simple que ya es inusual por estos días.

Antes de que existieran los libros de autoayuda, los manuales de superación personal y las revistas con flamantes técnicas para cambiar en 10 pasos las mañas que cultivamos en toda una vida, "El principito" ya estaba ahí, impreso y esperando en su asteroide a que le prestemos atención. Yo crecí en una casa donde había no uno sino tres ejemplares, pero recién lo leí pasados los 23 o 24 años. No me arrepiento.

Resulta que antes de esa edad tenía un poco más frescos, o mejor guardados, esos ideales y las utopías propias de la infancia que, en pos de hacer lugar a mis ambiciones "de chica grande", fui relegando hasta que no supe donde quedaron. Por suerte, el zorro y la rosa, el relojero y el rey, el cordero y, por sobre todo, aquel hombre perdido en medio del desierto, están ahí, en el asteroide que es ese librito finito, para recordarme por dónde empezar a dibujar lo que es invisible a los ojos.

2 comentarios:

mexcalero dijo...

simon, el principito es la onda,,

VENUS dijo...

el principito es EL LIBRO!!