Bombachas

Las mujeres pueden comprar toda clase de ropa aunque no les quede bien, como remeras que se encogen al primer lavado o vestidos que resultan ser más transparentes de lo previsto. Hasta pueden llegar a juntar más pares de zapatos que Carrie Bradshaw en una temporada de Sex and the city. Pero si hay algo que nunca les va a sobrar son las bombachas.

No pienso detenerme a explicar por qué la bombacha es la más íntima dentro de toda la ropa interior que puede usar una mujer. El sentido de este post es explicar cómo una puede llegar a tener una vasta colección entre tangas, culottes, bragas y vadettinas (por cierto, odio esa palabra, pero así se le llama en las casas de lencería a las "bombachas normales").

El inventario:
  1. La bombacha de algodón negra: es práctica, cómoda y con actitud. Nada de adornos ni de encajes delicados. Es funcional a la mujer que la usa.
  2. La bombacha negra, pero de encaje. La vampiresa darkie come - hombres. ¿Ok?
  3. La bombacha rosa para Año Nuevo, porque todas alguna vez recibimos una de parte de una tía o abuela picarona.
  4. La bombacha roja. Perdón, la tanga roja. La guerrera. A las mujeres que lean esto... ¡no se hagan las que no tienen o tuvieron una! Y si nunca tuvieron... tengan.
  5. El culotte con dibujitos infantiles o estampados retro. Especial para usarlo de pijama, o para salir del paso si el jean está demasiado roto (¿?)
  6. La bombacha blanca, delicada, inmaculada. Yo la uso para ir al médico porque Mamá Chan me enseñó que hay que ir con la más discreta.
  7. La bombacha color piel es esa que se usa debajo de los vestidos de gasa semi transparente o de los pantalones blancos.
  8. La bombacha sin costuras, que suele ser de color piel para disimularla debajo de la ropa.
  9. La tanga de leopardo, porque las chicas sólo quieren divertirse, y total, no es que alguien va a verte en misa si abajo de tu recatado atuendo tenés un tigre de bengala, ¿no?
  10. El pack de bombachas de Farmacity. Antes salía $19,90 y ahora cuesta $10 más, pero sigue teniendo buen precio. Ante la necesidad...
  11. La tanga incómoda que vino con el corpiño. No da para usarla, pero estaba en el conjunto.
  12. La bombacha vieja, esa que usás por costumbre y porque al final es la más cómoda.
  13. La bombacha con adornos, encaje, colores... una fiesta bajo tus pantalones. La buena onda surge de lugares recónditos de tu ser.
  14. La tanga tipo hilo dental o conchero... No hace falta que explique, ¿no?
  15. La culotte de microtul o encaje. La onda vintage, retro o "de la abuela" también garpa.
  16. La bombacha del bikini. Sólo la parte de abajo, la de arriba igual no la usás.
  17. La braga o culotte "cola - less" (término retro si los hay), parecía muy cómoda, pero no... y quedó ahí.
  18. La bombacha del gimnasio, de esas antiestéticas color gris que vienen con los corpiños deportivos.
  19. Las "bombachitas rosas" de Las Pelotas, con todo lo que ello implica (ese estigma lleno de ilusiones impuestas y prejuicios sociales de los que una no debería hacerse cargo por el sólo hacho de usar bragas).
  20. La Bomba Chita, de Ricky Maravilla (coreen uds. solitas).
  21. La tanga de Laura, de Damas Gratis o parecido (ídem punto 20).
Las bombachas son eso: la prerrogativa de todas las mujeres para ser y usar lo que más les guste y como más les guste en ese lugar del cuerpo donde poca gente las ve, al menos en comparación con los cientos de personas con las que una se puede cruzar a diario.

Nótese el efecto de las bombachas, que provoca que haya hombres a los que, sin ser travestis, les gusta ser "cross dressers", es decir, usar indumentaria femenina, incluida la ropa interior.

El cansancio o la superpoblación de bombachas de Farmacity en mi cajón de ropa interior hacen que mi recuento llegue hasta acá. Es probable que esté dejando afuera alguna que otra especie que haya guardado en el fondo del cajón. Pueden agregarla a la lista.

Recargando... 10, 20...

Hay veces en las que el cerebro se niega a trabajar. En vez, se toma unas vacaciones siderales dentro de sus propias dimensiones.

El cuerpo humano es una máquina perfecta: funcional, precisa, bien calibrada. Nada en él está mal diseñado o librado al azar. Las proporciones están cuidadas al punto tal de que lo que falta en un lugar se contrarresta en otro (como por ejemplo, tener mala vista y buenos reflejos).

Si algo llegara a fallar dentro de la máquina, en seguida el propio organismo da señales visibles para que el alma que lo habita solucione el problema. Es más, muchas veces las propias defensas se encargan de dar batalla con un ejército de glóbulos blancos.

Y el alma ni enterada de los esfuerzos del cerebro para mantener la paz en su envase, hecho de material biodegradable. En esto tiene mucho que ver el cerebro, que es como un motor delicado pero potente, con tracción a sangre y electricidad.

He ahí un problema: hay veces que el motor pareciera necesitar una recarga de batería. Es como si durante 24 horas, la central eléctrica de toda una ciudad se apagara y dejara a oscuras a toda la población porque está haciendo tareas de mantenimiento.

La frase “fundir motores” que se aplica a los autos con la misma facilidad que a los humanos debe venir de ahí. Y creo que éste viernes fue uno de esos días “de mantenimiento” para mi cerebro. Es eso, o necesito cambiar de modelo porque este ya se fundió.

Ficha de actividad neuronal del 2 de abril de 2010:

Neuronas de la imaginación: 0 % de actividad
Neuronas creativas: 5 % y recargando
Neuronas de la actividad: 0.5% en stand by
Neuronas de la comunicación: 40 % (Largas charlas)
Neuronas de la socialización: 15 % (mucho Internet, mucho teléfono, pero no salí de casa)
Neuronas intelectuales: 20 % (bendita lectura)

La lista puede seguir, pero no tengo ganas de entrar en detalles. Me pregunto en vez cómo podría subsanar los bajos índices de imaginación y creatividad. De los otros no me voy a ocupar, porque hoy es feriado y están acorde al día.

El poco movimiento de mis neuronas de la imaginación y la creatividad, en cambio, me llaman la atención. ¿Se habrán desaceitado? ¿Por qué están tan desaceleradas? Vagas, podría decirse. Y no es sólo por el feriado, no. es una baja sostenida que se remonta a unas cuantas semanas ya. Como si fuera hora de reemplazar los fusibles.

Me pregunto si habrá alguna dosis de Soma disponible. O quizás podría buscar el teléfono de Morpheus para pedirle que me dé una de sus pastillitas... O sino, podría buscar al conejo de Alicia... seguirlo... deslizarme feliz por un agujero y preguntarle todas estas cosas a una oruga que fuma Narguile sentada en su hongo.

Es una opción.

A los hombres no les quedan bien las tetas

A los hombres no les quedan bien las tetas. Y hablo de una persona que nació con sexo masculino y decidió transformarse en femenino, sino de los hombres que desarrollan músculos pectorales tan abultados que adquieren un relieve redondo, que asemeja a un pecho femenino, algo chato, pero femenino al fin.

De pronto me encuentro con una serie de banners en las páginas web que publicitan no sólo las anheladas panzas chatas para las mujeres (¿wtf? esa fijación es un post aparte), sino también una invitación a los hombres a que desarrollen los músculos de su cuerpo de la cintura para arriba.

Hace ya meses que veo a personajes como millonario heredero Ricardo "Johnny Bravo" Fort que se paseaba en cueros por cuanto canal de televisión o revista existe en este país (quizás lo hace también en Miami, pero yo no lo sé). Como no tenemos a la sílfide fiestera de Paris Hilton, tenemos al socotroco de Fort.

Según algunos psicólogos, Fort padecería una deformación psicológica llamada "vigorexia", por la que busca amoldar su cuerpo a sus estándares excesivamente perfeccionistas. Pero no hace falta llegar a ese extremo para desarrollar lo que los angloparlantes denominan "man boobs", algo así como "tetas masculinas".

No entiendo esta cosa que les agarró a los hombres de querer tener el cuerpo del David de Miguel Ángel con las lolas de Florencia de la V. No es que les quede atractiva la panza cervecera, pero tampoco hace falta exagerar con el gimnasio para tener una tabla de lavar la ropa por abdominales ni dos almohadoles por pectorales.

Figuras masculinas que deberían ser agradables a lamayor parte del público femenino terminan pareciéndome demasiado "armados", como que no se mueven con naturalidad... unos muñecos, bah. Se me viene a la mente el ejemplo de Christian "Musculitos" Sancho, que parece tener la misma popularidad en la comunidad homosexual que entre las mujeres.

La caída:

El caso de los hombres que están entrados en años es distinto. Así como a las mujeres se nos caen las tetas (el termino es vulgar, puede ser, pero el "lolas" me parece una tilingada), parece que a los hombres también. Por ejemplo, no le podemos pedir a alguien como el governator Arnold Schwarzenegger que tenga el mismo físico que tenía a los 20 años, cuando era un ignoto fisicoculturista con acento gracioso.

Ahora es un hombre de más de 60... y todavía habla gracioso en inglés.

La escritura borrada

"Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias", dijo.

Pero no lo puso por escrito, porque no podía ver la letra trazada. En vez, alguien se encargó de escribir "La escritura del Dios" para que él pudiera ser un poco el carcelero y otro poco el encarcelado.

Hacia el final de su vida, fue el jaguar encerrado en su prisión de oscuridad, caminando intranquilo de un lado a otro. En el fondo, lo de él también era una circunstancia y sólo eso.

Lo que más me atrapó fue la prisión, "profunda y de piedra", según el texto. Con la forma "de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo".

¿Qué sería ese "círculo máximo"? Jamás me lo pregunté, sino hasta hace dos días. Siempre imaginé que era como una bóveda. Lo asumí, tonta de mí.

Si no era como la bóveda celeste, en la cual bailan los astros, al menos sería como la que se forma en las cavidades de la Tierra, bajo un manto de verde. Una suerte de loma hueca a la que se accede sólo por a cima.

Y en su interior, agazapado, esperando para rugir y para escapar al encierro, estaban el jaguar y el anhelo humano de ser más divino que Dios.

"Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres", dictaminó el hombre encarcelado. Él, que se hizo llamar "mago", tuvo que admitir que dentro de la celda de piedra "no podría, sin magia" levantarse del polvo.

El hombre encerrado solía tener otro nombre, pero desde que se convirtió en "quien ha entrevisto el universo" ya no puede pensar en otra cosa más que en extinguirse con la fórmula del mundo a cuestas.

Ya nunca la leeremos, según parece, porque el oro de los tigres no brilla para cualquiera y quien logró verlo decidió que ya no era "ese hombre". ¿Por qué habría de importarle la suerte del mundo, si ahora es nadie?

Mi primera vez

Ah... ¡Cómo disfruto de los nervios de las primeras veces! De todas, ¿eh? Creo que de todas... Ésta vez le tocó el turno a las compras online.

Hace un par de semanas incursioné en este canal de comercio tan "siglo 2.0" para adquirir un ejemplar de "La filosofía de Andy Warhol, de la A a la B ida y vuelta" por medio del sitio Amazon.com. Lo que hace la inspiración pop después de una tarde en el Malba: Consumo superfluo y satisfacción... no tan inmediata, porque el librito estaría llegando recién a finales de marzo.

La sola experiencia de registrarme en el gigante de las compras virtuales me cansó más que revisar todas las librerías de usados de la avenida Corrientes porque tuve problemas con el servidor, con la contraseña que elegí, con el mail, todo. Reconozco que también fue porque intenté poner mi tarjeta de débito como medio de pago en vez de la de crédito, como corresponde. Aplausos, por favor. 

Pero ayer me dieron ganas de comprar otros títulos, de esos que los vendedores de locales de libros (porque "libreros" eran los de antes) dicen que están agotados en todas las tiendas de la Ciudad de Buenos Aires. En estos casos, Internet resulta una suerte de caja de Pandora o arcón de la abuela donde se encuentran hasta la más escurridiza de las obras.

También es como el Mago de Oz a quien uno le pide las cosas más imposibles y él las provee.

Así que invoqué al Mago del Oz versión digital y me desinflé al ver la perspectiva de esperar un mes o más para que Amazon, oh, Amazon, se dignara a mandarme desde no sé dónde un ejemplar del libro "Cementerio para lunáticos", de Ray Bradbury. Un libro que editó Emecé en 1991 y que está agotado, o al menos no aparece ni en las librerías de Corrientes.

Levé anclas y navegué por el ciberespacio hasta que entré a la bahía de Mercado Libre (linda la analogía, ¿no?). Después de intentar registrarme unas 4 o 5 veces, ML aceptó mi usuario y contraseña (evidentemente, abrir cuentas en los sitios me cuesta). En seguida encontré el libro que buscaba y a un precio razonable. ¿Lo pedís, lo tenés?

Arreglé con la propietaria por mail primero y después por teléfono. Me pareció muy raro e incómodo el sólo hecho de tener que llamar a una completa extraña para decirle: "Hola, soy 'inserte nombre... Johnny Allon o lo que sea' y deseo adquirir tu libro". Pero la chica en cuestión se limitó a pasarme su dirección y acordamos la hora de entrega y listo. Nada de voz al estilo Freddy Krugger o locutor de los sesentas. 

Llegué a la dirección que me había dado (era en el barrio de Congreso) y todo lo que pensé durante los 5 minutos que tardó en bajar la chica fue en cómo sería ella, cómo debería saludarla (porque no es ni amiga, ni conocida, ni nada) y sobre todo... en qué estado estaría el libro que compré.

Obvié la pregunta cuando hablé por teléfono con ella porque me pareció que de todas maneras no sería una respuesta satisfactoria. Un simple "muy bien" no me sacaría la duda. Pero estaba muy bien, por suerte.


Cavilaciones al margen, ahí estaba ella, con mi libro en mano. Rubia, de piel muy blanca y ojos claros, la "vendedora ocasional" estaba vestida de remera negra y pantalón beige. Como tengo una imaginación relativamente frondosa, asumí que trabajaría en una casa de ropa o cosa parecida. Me dio la impresión de que era un uniforme, eso es todo.

Nos saludamos de manera automática. Yo ya tenía en mano los $22, que era el precio que había pedido ella. "Bueno, mirálo que esté bien", me dijo al entregarme el libro. "Sí, está bien... Éste ya no se consigue", dije, no sé por qué. "Sí, y ahora ya lo tenés", me dijo con suavidad y una firmeza del estilo de "no hace falta seguir prolongando este encuentro".

A buena entendedora, compradora y vendedora satisfecha. Me di media vuelta y me alejé, contenta con mi libro que parecía una versión siglo XX de un incunable y terminó en mis manos dentro de las 24 horas. Para Amazon.com que lo sigue por Internet.