"Santiago"

-¿Puede evocar con más precisión a Santucho?

-Mario Roberto Santucho era el principal dirigente de la organización a la que yo pertenecía; era el secretario general del Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo.
Era un compañero que había hecho sus primeras experiencias políticas cuando fue estudiantes de Ciencias Económicas en Tucumán. Estaba muy influido por una posición muy nacionalista en sus principios y desarrolló en el Noroeste argentino, en la provincia de Santiago del Estero, una organización que se llamaba FRIP, Frente Revolucionario Indoamericano Popular. Lo hizo junto a algunos de sus hermanos. Después, cuando terminó de estudiar Ciencias Económicas, realizó un viaje por Estados Unidos primero y después fue a Cuba, donde conoció la revolución en los primeros años de su proceso, cuando hacía poco que había triunfado.

-¿Qué impresión le produjo Cuba a Santucho?

Ese contacto con la revolución cubana le provocó a Santucho un fuerte impacto en lo político, lo ideológico, y en lo personal y humano. Prácticamente fue después de su viaje a Cuba cuando él tomó una definición tajante en favor del socialismo.

-¿Qué hizo Santucho entonces?

Perteneciendo todavía al Frente Revolucionario Indoamericano Popular , se unió con otra organización llamada Palabra Obrera -que había sido creada por el "Vasco" Bengochea- y formaron lo que después se llamó Partido Revolucionario de los trabajadores en 1964. Santucho fue fundador del PRT y si bien no era el secretario general en aquel momento, sí era el compañero más respetado por el conjunto de la organización.

-¿Cómo era Santucho personalmente?

Santucho era un compañero de una dedicación absoluta a la Revolución. Tenía una voluntad de lucha tremenda. Era de una capacidad muy grande y de una decisión casi única, diría yo. Casi única. No hay una gran cantidad de gente que tenga un grado de decisión y entrega como tenía Robi. Yo tuve la oportunidad de conocerlo bastante bien porque formaba parte de la conducción del PRT y el ERP con él. Convivimos durante mucho tiempo.

-¿Cuándo lo había conocido?

Lo conocí personalmente cuando yo estaba todavía en Rosario. El compañero a través del cual nos conocimos fue Precisamente Luis Pujals, del que hablé antes. A partir de allí establecimos una relación, aparte de lo político y lo ideológico, muy unida en lo personal, muy fraternal. Caímos detenidos juntos, nos fugamos de la cárcel juntos, fuimos a Cuba juntos, volvimos a entrar clandestinamente al país juntos y participamos de toda lucha hasta que cayó.
Durante todo ese tiempo, él fue el dirigente más destacado de la organización nuestra, y pienso yo que uno de los más destacados del movimiento revolucionario argentino. Me parece que la figura de él iba más allá de lo que era el PRT - ERP.

-¿Cuándo fue la última vez que lo vio?

La última vez que lo vi fue el día antes de que fuera asesinado en Buenos Aires. El día en que lo asesinaron yo lo tenía que volver a ver. Yo estaba esperando en una casa a tres cuadras de la de él, porque íbamos a hacer una reunión que después no se hizo. Debo haber estado allí como hasta las 11 de la mañana. A esa hora vino el "Gringo" Menna a avisarme que la reunión esa se iba a suspender. Me fui al centro de Buenos Aires a un lugar donde funcionaba el Estado Mayor, del cual yo era entonces jefe. Cuando volví de ese local me enteré de lo que había ocurrido. La noticia fue sin confirmar primero; era el 19 de julio de 1976; recién lo confirmamos al día siguiente. Hicimos una averiguación con los vecinos del lugar para saber cómo se había dado esa situación.

-¿Qué sintió ante la muerte de Santucho?

Lo que yo sentí, no sé si será objetivo lo que digo porque quizás sea una sensación mía, pero lo que yo sentí es que había una expresión de tristeza en muchas personas. Yo veía eso en la gente en los trenes y en los colectivos. A lo mejor era una cosa que a mí me parecía, pero no sé, yo vi eso. Incluso lo comenté con otros compañeros que me decían lo mismo. Lo que no sé es si eso era producto del dolor que nos había causado a nosotros y creíamos que todo el mundo estaba igual, o si en realidad era así. A mí me pareció que era así. Por lo menos en el barrio donde yo vivía, que era un barrio de trabajadores, en los trenes, en los colectivos yo veía eso.
Para nosotros era una pérdida irreparable. Bueno, hay cosas que no se pueden reemplazar. El Che Guevara murió y puede haber otros compañeros revolucionarios que traten de imitarlo, pero el Che Guevara no va a estar más. Y difícilmente haya otro como él. En este caso es igual. También puedo decir lo mismo del capitán "Santiago". Un revolucionario no se hace de la noche a la mañana.
Ahí también uno aprende a valorar la seguridad de algunos compañeros, como en este caso del Robi. El se tenía que ir del país, en prevención de una situación como la que se dio, porque había una gran presión del enemigo en ese momento y nosotros no teníamos la suficiente capacidad para estar completamente seguros de que no iba a pasar nada. Habíamos tomado la decisión política de que él saliera del país por un tiempo hasta que se preparara una forma de que pudiera regresar con un grado de seguridad mayor. Lógicamente esta salida estaba también vinculada con el cumplimiento de una serie de actividades políticas afuera del país. Era una contradicción permanente: por un lado había que preocuparse por la seguridad de compañeros como Robi, pero por otro no podíamos dejarlo encerrado e inactivo. Fundamentalmente porque no hubiera aceptado. El revolucionario es esencialmente un hombre práctico y activo, y el que no es así no es un revolucionario cabal. Lo que hay que buscar siempre es un buen equilibrio entre la seguridad y la acción, pero no es sencillo.

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Del libro "Conversaciones con Gorriarán Merlo", escrito por el periodista uruguayo Samuel Blixen. Fue publicado en 1988.

Abril Rojo


Abril rojoAbril rojo by Santiago Roncagliolo
My rating: 3 of 5 stars

Esta novela es para leerla una vez como policial y otra como relato anclado en factores históricos, sociales y culturales del Perú en el año 2000. El relato se desarrolla a lo largo de abril de ese año en la localidad de Ayacucho, ubicada justo entre la Cuzco inca y la Lima española o blanca. El protagonista es un fiscal muy circunspecto que aprende a lidiar con las brasas todavía calientes del movimiento guerrillero Sendero Luminoso.

En "Abril Rojo", Santiago Rocangliolo despliega su capacidad para intercalar el factor sorpresa de las novelas de misterio con pasajes históricos, las tradiciones centenarias que aún se mantienen en Perú, los persistentes rencores sociales, la burocracia militar, la violencia de la historia reciente y el cambio abrupto que supuso la apertura de la ciudad al turismo internacional, un fenómeno reciente en esa localidad.

Y en el medio de todo eso, aparece una suerte de Frankenstein formado por los cadáveres de cuatro muertos. O más. Cada una de esas víctimas representan a un estrato o sector de la sociedad. Lo más notable de esta novela son las reflexiones del autor sobre las cicatricas -o heridas abiertas- que dejaron en el pueblo años de violencia.


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Radiotaxi Sade

Hablemos de cosas raras, ¿sí? Yo tengo una anécdota y es de hace una hora. Volvía en un taxi a mi casa y noté con beneplácito que el auto en el que viajaba era cálido y olía normal, no como los que circulan por el micro centro en horas pico y que juntan el hedor de toda una mañana girando por las calles más concurridas y junta baches de Buenos Aires.

Pero además noté el aspecto del chofer, un hombre que tendría unos 40 años y una piel tersa, de aspecto uniforme y sin rastros de barba ni de arrugas. En su ficha técnica decía que se llamaba Sergio, pero su apellido estaba tapado por las tiras de un cartel que anunciaba el número de su móvil y el de la empresa de radiotaxi para la que trabaja. “¿Ya se terminó la joda?”, me preguntó cuando subí.

Lo primero que una mujer pensaría es que el taxista necesita un GPS, pero para ubicarse en el contexto, no en la ciudad. Sin embargo, no había rastro alguno de chabacanería en su voz. Sólo un tono cordial, como próximo. Suave, si se quiere. No resultaba ofensivo y no insistió con su intento de conversar sino hasta que pasó manejando al lado del afiche de un programa de televisión.

“¿Quién es esa?”, me preguntó con voz quedada y curiosidad algo quieta. “Una modelo que ahora tiene un programa de entrevistas”, contesté. “Ah, como no veo mucha tele no sé”, retrucó. Y ahí me cayó la ficha (no la del taxímetro, esa había avanzado raudamente desde el comienzo del viaje): era el mismo chamuyo del hombre joven y viejo a la vez, ajeno al mundo de las frivolidades.

De fondo en su taxi se escuchaba un tema de Sade, “Smooth operator”, quizás el único de esa banda que todavía pasan en los programas de música “retro”. Pero la radio que tenía sintonizada emitía sólo temas de los ochentas, pop meloso, denso y sugestivo como el de Tina Turner en “Private Dancer”. Ahora que lo pienso, puede haber sido un compilado de temas de una sola estación grabado en un cassette.

Sergio, el chaufer (con ese aspecto pulcro y cara de niño entrado en años, y con un amor intacto por las baladas ochentosas, le queda bien el término en francés), tomó la ruta que le pedí y dobló por las esquinas que le indiqué. Le pagué el viaje en la puerta de mi casa y cuando me dio el vuelto logré mirarlo a la cara. Antes de bajarme sentí un déjà vu, como si no fuera la primera vez que me tocaba estar en taxi del “Smooth operator”.
Just KidsJust Kids by Patti Smith


My rating: 4 of 5 stars


Remember "A moveable fesat", by Ernst Hemingway? Ok, Patti Smith wrote "Just kids", which is a late 20th century version of it. The book is about her early years in New York city and the relationship she shared with photographer Robert Mapplethorpe.

Through her story, Smith paints a picture not only of her unapologetic yet sensitive self but also of her long time friend and soul mate, a man who's determination to become an artist took him to dark places, at times created by himself.

Hemingway's "A moveable feast" is about the people he met in Paris in the time between the two world wars: poets, novelists, artists, musician and art marchands all merged into a neverending parade of "regular folks who were in fact somebody".

Smith's book is quite on the other end of the line: she knows she met the right people and seems to treasure the fact that the most important one of them was a young man she met by chance and who one saved her from a bad date.

"Just kids" is a moving story, one that diserves to be turned into a film. Not only because Smith and Mapplethorpe were transformed into two formidable characters, but because it captures the escence of New York city in the 60's and 70's.




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DelirioDelirio by Laura Restrepo


My rating: 3 of 5 stars


%98 atrapante
%2 final abrupto

Entiendo porqué "Delirio", de la colombiana Laura Restrepo, atrapó a los integrantes del jurado del Premio Alfaguara 2004, según contó en el prólogo del libro el escritor José Saramago, presidente de ese jurado que le otorgó el galardón ese año.

La novela es una suerte de trenza narrativa. Es decir que Restrepo intercala tres relatos ocurridos en tres generaciones de una misma familia y en tres momentos diferentes de la historia de Colombia.

Así se mezclan la locura irasible del abuelo alemán en Sasaima, la soledad y traición de dos hermanas acomodadas en la alta sociedad de Bogotá y el resultado de ambos, una joven inestable y neurótica enfrascada en sus recuerdos.

En el triple relato familiar se filtran el ascenso y auge del rey del narcotráfico, Pablo Escobar, y cómo tendió sus redes para atrapar a la clase dirigente de Colombia. Y en medio de todo está el relato de un hombre de a pie, enamorado de una mujer loca y sin idea de lo que ocurre.

La única dificultad para leer "Delirio" es que la autora no le avisa al lector cuando se dispone a saltar de un mechón a otro en su trenza de historias. Sí usa el punto y aparte, pero por lo demás, ni siquiera emplea comillas o guiones que indiquen diálogo o cambio de voz narrativa.




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