Leer para ser

Todos los adultos, sin importar cuán poco les guste el ejercicio de seguir la sucesión de letras que forman palabras y oraciones, deberían leer al menos una vez en la vida el libro "El principito", de Antoine de Saint Exupéry. Puede que parezca una obra infantil o demasiado naïf para ser tomada en serio, pero está lleno de frases sabias, algún que otro consejo práctico y mucha poesía, que aporta una belleza simple que ya es inusual por estos días.

Antes de que existieran los libros de autoayuda, los manuales de superación personal y las revistas con flamantes técnicas para cambiar en 10 pasos las mañas que cultivamos en toda una vida, "El principito" ya estaba ahí, impreso y esperando en su asteroide a que le prestemos atención. Yo crecí en una casa donde había no uno sino tres ejemplares, pero recién lo leí pasados los 23 o 24 años. No me arrepiento.

Resulta que antes de esa edad tenía un poco más frescos, o mejor guardados, esos ideales y las utopías propias de la infancia que, en pos de hacer lugar a mis ambiciones "de chica grande", fui relegando hasta que no supe donde quedaron. Por suerte, el zorro y la rosa, el relojero y el rey, el cordero y, por sobre todo, aquel hombre perdido en medio del desierto, están ahí, en el asteroide que es ese librito finito, para recordarme por dónde empezar a dibujar lo que es invisible a los ojos.

Spanglish

Mi razonamiento excedió los 140 caracteres, así que decidí convertirlo en un posteo trasnochado y no en una catarata de micromensajes en Twitter, de esos que es necesario numerar cual novela por entregas.

Anoche leía en Twitter lo que escribía el Sr. @RayoVirtual sobre las personas que, siendo hispanoparlantes, prefieren usar el inglés para expresarse en la red social del pajarito ya sea para cultivar una pose cool o porque no les interesa usar el castellano como primera lengua 2.0.

Entonces me surgió una reflexión que poco aporta a la de R. V., sino que es más bien un tema tangencial. Pero al menos es una diatriba de elaboración casera, que le dicen.

La cosa es así: después de fumarme 10 años de colegio bilingüe, y sin dejar de estar agradecida a mi madre por darme la educación que me dio, puedo decir que hay frases que me salen mejor en inglés que en español. O en castellano rioplatense, si se quiere usar un término más localista.

"Una cosa es usar palabras en inglés y otra hablar en inglés porque considerás que sólo los 'negros'hablan en castellano", señalaba anoche R. V. Y claro, el pobre Garcilazo de la Vega estaría retorciéndose en su tumba, dándole la razón cada vez que se leen textos impecables en inglés escritos por hispanoparlantes que tienen faltas de ortografía cuando usan el castellano.

Ni hablar de Sor Juana Inés de la Cruz, atormentada cada vez que una señorita elige otro idioma que su español nativo para expresar lo que siente, cuando la delicadeza de nuestra lengua madre nos da tantas oportunidades para expresar los deseos del corazón.

Pero al margen de que Miguel de Cervantes Saavedra haya quedado en jaque porque algún "bo - bo" (bohemian bourgeois) decidió hacerse el cool tuiteando en inglés, la utilización de varios idiomas nos hace más libres y nos permite comunicarnos mejor. Tiende puentes en esta Babel tan linda, enmarañada y amplia que es el mundo, ya sea con o sin Internet.

Mi primer "te quiero" fue un "I love you". Sea en el idioma que sea, esa frase es una de las más simples, fuertes y preciosas que existen. Hasta el día de hoy “I love” a esa persona, aunque ahora lo hago de un modo distinto.

"Frase preciosa"... ¿O debería decir "linda"? ¿Quizás "hermosa"? Dentro del español hay parecido a dialectos socialmente divididos. En algunos círculos todavía se tuercen las miradas y se arrugan las narices cuando alguien comenta "¡qué hermoso morral rojo!", porque la única palabra "aceptable" de toda esa oración es la primera.

Pero volviendo al tema del inglés para expresar ideas o hacerse el cool, (¿irónico, no? Me da fiaca buscar el significado en español de esa palabra), la verdad es que todos los idiomas son lindos por algo, y en definitiva son herramientas. Si se los ve con un fin utilitario, el de darse a entender o conocer más a las personas y el mundo que nos rodea, la comunicación no debería tener fronteras.

Internet mismo apunta a la comunicación, a la vida 2.0, aunque a veces sea desmedida. Entonces, si soy feliz chateando por celular con una amiga que hace años vive en Grecia con la misma facilidad con la que le mando un mensaje de texto a la que vive a diez cuadras de mi casa, ¿cómo no voy a ser feliz diciendo “it's great to hear from you” cada tanto?

Si alguien elige usar un idioma que no es su lengua materna será porque las palabras le salen mejor así. Lo que sí, sería una lástima que relegara el español por creerlo inferior, más precario o limitado que otros idiomas. En ese caso, quizás esa persona no merece usar un idioma tan lindo.

Too bad, pero c'est la vie...

(ay, mis chascarrillos y yo nos vamos a quemar en el infierno).

Elefantes blancos

¿Vieron que dicen que los elefantes blancos son criaturas mitológicas que sólo existen en las leyendas hindúes, donde representa la "gran verdad", y tal?

Bueno, a veces son reales.

Nunca más

Nunca más en tu cama. Nunca más tus paredes rosadas. Nunca más las palabras que quería escuchar, y que en realidad me hacían mal. Nunca más esperar un gesto tuyo, nada. Ya no más pedir, explicar, razonar o gritar. No más abrazos que no llegaron a nada.

Se acabaron los motivos, se fueron las memorias. Me quedaron un par de preguntas, pero inútil es hacérselas a otro ser humano como yo. Y me dan ganas de llorar, ya no puedo, nunca más por vos, porque en seguida aparecen mil motivos para no hacerlo.

Y ninguno te incluye.

La prórroga

Terminada la semana de limbo, llegó el momento de tomar un envión divino, alumbrado por fuegos artificiales y adobado con turrones, para encarar el año que empieza.

Si los siete días entre Navidad y Año Nuevo fueron tan mágicos como díscolos, con ventanas abiertas a los "¿será posible?", ahora es tiempo de plantarse en el lunes 3 de enero y decir: "Es lunes, hoy empiezo".

Aunque pensándolo mejor... antes de estrenar la agenda 2011 (que todavía no compré), o de abrir sendos mapas para salir corriendo de la ciudad, quizás sería bueno fijar una prórroga para la semana del limbo...

¿Les parece mantenerla todo enero? Buenos Aires se ve tan tranquila como aletargada por el calor, y por las noches afloran toda clase de aromas (de los ricos y de los otros), que construyen un clima especial.

También pasa que la mayoría de la gente se fue de vacaciones y que los que todavía pululan por estas calles están como ausentes, pensando en lo bien que les hará el descanso en febrero. Otro día hago la salvedad que requieren otras situaciones, donde el limbo es algo más que una sensación, y no tiene mucho júbilo.

Mientras tanto, me quedo con el dulce recuerdo del mejor comienzo de año que tuve en mucho tiempo...