Saqué esta imagen una fría tarde de mayo, cuando recorrí Puerto Madero cámara en mano. Otras imágenes salieron muy buenas, pero ésta me pareció por demás coyuntural.
Era un stencil aplicado sobre la base de acero de una de las grúas abandonadas al borde de un dique. La estructura todavía no estaba reciclada pero ahora sí, por lo que creo que ya no debe estar más.
Si agudizan un poco la vista (es decir, si miran la foto con la nariz pegada al monitor y losojos entrecerrados... vamos, acérquense que no muerde), van a ver que algún ingenioso completó la frase "Qué buena idea haber nacido"...
Turn off
Es un turn off* total el tipo engreído. No así el que es seguro de sí mismo, ni el que valora su laburo y cuida su lugar. Esos son atractivos, porque una mujer no quiere sentirse parada al lado de un trapo de piso.
Pero los hombres engreídos, los jactanciosos, los que creen que se las saben todas, o que refriegan en la cara de los demás lo que consiguen mejores cosas que otros... esos son insoportables. Agobian.
Hay un límite de cuánto ego masculino puede soportar una mujer, sonriendo de manera complaciente antes de explotar y gritar: "¡¿Y qué?! ¡Si nada de eso hace que dejes de tener la mentalidad de un nene de dos años!"
Puede ser una salida violenta, que muchas veces toma al hombre desprevenido, tanto que la mujer queda como una maniática desquiciada. Pero la situación se evitaría si el hombre en cuestión dejara de darse corte por todo.
Si un hombre no puede dejar de dar vueltas sobre sí mismo y prestarle atención a la mujer que tiene al lado, y si ella no puede hacer exactamente lo mismo y se concentra sólo en lo linda e interesante que es, entonces están perdiendo el tiempo.
Hay un límite para el hombre en cuanto a la histeria femenina, pero también es sabido que la mujer tiene su tope de paciencia para él y su ego. Tampoco es agradable sentir que abraza el aire, o que le habla al vacío cuando en realidad se quiere llegar a conocer a fondo a la persona.
En concreto, hombre, sé seguro de vos mismo, pero dejá de decir lo groso que sos. Dejáme que lo diga yo... si te tirás tantas flores no dejás ni una para que te ofrezca.
Bueno, eso, o seguí diciendo lo cool, exitoso y grosso que sos, pero hacelo solo y no pretendas escucharlo de mí. Todo vestigio de admiración se ahoga en semejante ego.
* Turn off es una expresión en inglés para decir que algo desalienta, que hace que uno pierda el entusiasmo o el interés que le generó en un principio y desista. Es una sensasión horrible, si me lo preguntan.
Pero los hombres engreídos, los jactanciosos, los que creen que se las saben todas, o que refriegan en la cara de los demás lo que consiguen mejores cosas que otros... esos son insoportables. Agobian.Hay un límite de cuánto ego masculino puede soportar una mujer, sonriendo de manera complaciente antes de explotar y gritar: "¡¿Y qué?! ¡Si nada de eso hace que dejes de tener la mentalidad de un nene de dos años!"
Puede ser una salida violenta, que muchas veces toma al hombre desprevenido, tanto que la mujer queda como una maniática desquiciada. Pero la situación se evitaría si el hombre en cuestión dejara de darse corte por todo.
Si un hombre no puede dejar de dar vueltas sobre sí mismo y prestarle atención a la mujer que tiene al lado, y si ella no puede hacer exactamente lo mismo y se concentra sólo en lo linda e interesante que es, entonces están perdiendo el tiempo.
Hay un límite para el hombre en cuanto a la histeria femenina, pero también es sabido que la mujer tiene su tope de paciencia para él y su ego. Tampoco es agradable sentir que abraza el aire, o que le habla al vacío cuando en realidad se quiere llegar a conocer a fondo a la persona.
En concreto, hombre, sé seguro de vos mismo, pero dejá de decir lo groso que sos. Dejáme que lo diga yo... si te tirás tantas flores no dejás ni una para que te ofrezca.
Bueno, eso, o seguí diciendo lo cool, exitoso y grosso que sos, pero hacelo solo y no pretendas escucharlo de mí. Todo vestigio de admiración se ahoga en semejante ego.
* Turn off es una expresión en inglés para decir que algo desalienta, que hace que uno pierda el entusiasmo o el interés que le generó en un principio y desista. Es una sensasión horrible, si me lo preguntan.
Les propongo compartir la carga
Con la primera década del siglo XXI a nuestras espaldas, creo que es tiempo de que algunas cuestiones se vuelvan causa común entre los miembros de mi generación, como por ejemplo, la presión familiar para vernos casadas y con hijos.
Muchas mujeres, pasada cierta edad (dependiendo de cada familia abarca entre los 28 y los 40), empiezan a sentir las miradas rezongonas de padres, abuelos y tías metidas que esperan verlas pasar por el registro civil en algún momento. Ah, y que también las quieren ver lidiando con hijos propios.
Así que me parece lo justo que no sean sólo las hetero las que tengan que lidiar con el famoso "¿Tenés 35 años y todavía 'nada'?" Y lo mismo corra para ellos, ¿eh? Digo, como para hacer un poco más llevadero eso de poner cara de poker cuando, tras tres años de convivencia con una pareja, se empiezan a escuchar los "¿Y el casorio para cuando?"
Para que después no digan que "la gente ya no se casa" y todas esas pavadas... Por lo menos, que no se casen porque no quieren, no porque no pueden.
Muchas mujeres, pasada cierta edad (dependiendo de cada familia abarca entre los 28 y los 40), empiezan a sentir las miradas rezongonas de padres, abuelos y tías metidas que esperan verlas pasar por el registro civil en algún momento. Ah, y que también las quieren ver lidiando con hijos propios.
Así que me parece lo justo que no sean sólo las hetero las que tengan que lidiar con el famoso "¿Tenés 35 años y todavía 'nada'?" Y lo mismo corra para ellos, ¿eh? Digo, como para hacer un poco más llevadero eso de poner cara de poker cuando, tras tres años de convivencia con una pareja, se empiezan a escuchar los "¿Y el casorio para cuando?"
Para que después no digan que "la gente ya no se casa" y todas esas pavadas... Por lo menos, que no se casen porque no quieren, no porque no pueden.
¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!
Allons enfants de la Patrie,
Le jour de gloire est arrivé!
Contre nous de la tyrannie,
L'étendard sanglant est levé.
"Vamos, hijos de la Patria, el día de gloria ya llegó. Contra nosotros la tiranía el estandarte sangriento llegó", rezan los primeros versos de la Marsellesa, la canción con la que los artífices de la Revolución francesa tomaron la prisión de la Bastilla, el 14 de Julio de 1789.
Bajo el lema "Libertad, igualdad y fraternidad", el pueblo francés hizo rodar las cabezas de sus reyes, Luis XVI y María Antonieta, y así se instalaló la República...
Con muchas menos expectativas que iniciar un nuevo período en la historia mundial, el Senado argentino sigue debatiendo hoy el derecho al matrimonio igualitario para todos los habitantes del país.
La aprobación de esta ley sería, a mi entender, un hito al menos para nosotros. Para que haya más padres, madres y hermanos, y que todos seamos iguales ante la Ley, y para que a nadie le falten derechos, ni la libertad de ejercerlos si así lo quieren.
De uniforme a marchar
Cuando tenía 16 años fui a una marcha pro vida. Dícese de una manifestación colectiva a favor de ideales que sostiene una parte de la población, no su totalidad. Todos tenemos el derecho de marchar a favor de lo que creemos justo, no así de imponerlo.
En esa oportunidad había ido junto a varias de mis nuevas compañeras del colegio al que había entrado hacía unos meses. Había pasado de una institución laica con orientación católica a una religiosa. Sí, por decisión propia y personal, y no es el punto de este posteo explicar cómo terminé ahí.
Al día de hoy conservo algunas amigas que conocí en ese colegio, aunque con el paso de los años tengamos opiniones diametralmente opuestas sobre ciertos temas. El otro día, sin ir más lejos, el debate por la ley de matrimonio igualitario reavivó uno de esos de esos tópicos de eterna -pero cordial- discordia.
Entonces me acordé de mi fugaz paso por una marcha pro vida, que también era en contra de una ley. Parada en frente de la legislatura porteña, escuchaba a mis compañeras de curso prounciarse en contra de la Ley de Salud Reproductiva y Procreación Responsable, que hoy rige en la Ciudad de Buenos Aires.
La imagen era cuanto menos llamativa: un centenar de adolescentes con uniformes de colegios privados -en su mayoría, sino todos, católicos- protestando en contra de una ley que muchos de ellos no habían leído entera. Pensé que valía la pena estar. ¿Por qué? Para saber qué pasaba en una de esas manifestaciones.
Hoy, 10 años más tarde (acabo de admitir cuántos años tengo... ups) ya no pienso del mismo modo en que lo hacía en ese entonces, cuando todavía cuestionaba a mi profesora de biología y, extrañamente, a mi catequista también.
Ahora más que nunca, me hace mucho ruido el hecho de que una catequista ayude a los jóvenes a formarse una opinión sobre un tema de salud. Me parece ilógico que una institución religiosa tenga peso dentro de un debate legal, que atañe a todos los argentinos, no sólo a los cristianos.
Es hora de que terminen de divorciarse la Iglesia y el Estado, y que el segundo realmente legisle en pos de darle un marco jurídico y legal a toda la población, sean cuales sean sus decisiones de vida. Un hombre que ama a otro, o una mujer que ama a otra, no son criminales ni enfermos.
Y necesitan leyes que los incluyan.
Esta tarde salí a la calle y vi una manifestación similar a aquella, pero en contra de la ley de matrimonio igualitario, del mal llamado "matrimonio gay". Esta vez es frente al Congreso, para defender el derecho de los chicos a tener "una mamá y un papá". A lo largo de los años conocí historias de madres y padres que dejaron mucho que desear como tales...
Vuelvo a ver chicos del secundario vestidos de uniforme, o no, pero con banderas naranjas (color elegido internacionalmente para identificar a la familia "tradicional", por llamarle de algún modo). Algunos van acompañados de sus padres, y otros van con sus compañeros de colegio, como fui yo.
Todos y cada uno de ellos tienen derecho a ir si así lo creen conveniente. Ninguno tiene por qué asistir si no le informaron o enseñaron bien de qué se trata. No me parece justo hacer marchar a un ejército de púberes (y más chicos también) al son de un canto que declaman sus padres.
Pero pensar de manera independiente viene con la edad. Ay. Me siento un poquito más vieja, qué bueno.
En esa oportunidad había ido junto a varias de mis nuevas compañeras del colegio al que había entrado hacía unos meses. Había pasado de una institución laica con orientación católica a una religiosa. Sí, por decisión propia y personal, y no es el punto de este posteo explicar cómo terminé ahí.
Al día de hoy conservo algunas amigas que conocí en ese colegio, aunque con el paso de los años tengamos opiniones diametralmente opuestas sobre ciertos temas. El otro día, sin ir más lejos, el debate por la ley de matrimonio igualitario reavivó uno de esos de esos tópicos de eterna -pero cordial- discordia.
Entonces me acordé de mi fugaz paso por una marcha pro vida, que también era en contra de una ley. Parada en frente de la legislatura porteña, escuchaba a mis compañeras de curso prounciarse en contra de la Ley de Salud Reproductiva y Procreación Responsable, que hoy rige en la Ciudad de Buenos Aires.
La imagen era cuanto menos llamativa: un centenar de adolescentes con uniformes de colegios privados -en su mayoría, sino todos, católicos- protestando en contra de una ley que muchos de ellos no habían leído entera. Pensé que valía la pena estar. ¿Por qué? Para saber qué pasaba en una de esas manifestaciones.
Hoy, 10 años más tarde (acabo de admitir cuántos años tengo... ups) ya no pienso del mismo modo en que lo hacía en ese entonces, cuando todavía cuestionaba a mi profesora de biología y, extrañamente, a mi catequista también.
Ahora más que nunca, me hace mucho ruido el hecho de que una catequista ayude a los jóvenes a formarse una opinión sobre un tema de salud. Me parece ilógico que una institución religiosa tenga peso dentro de un debate legal, que atañe a todos los argentinos, no sólo a los cristianos.
Es hora de que terminen de divorciarse la Iglesia y el Estado, y que el segundo realmente legisle en pos de darle un marco jurídico y legal a toda la población, sean cuales sean sus decisiones de vida. Un hombre que ama a otro, o una mujer que ama a otra, no son criminales ni enfermos.
Y necesitan leyes que los incluyan.
Esta tarde salí a la calle y vi una manifestación similar a aquella, pero en contra de la ley de matrimonio igualitario, del mal llamado "matrimonio gay". Esta vez es frente al Congreso, para defender el derecho de los chicos a tener "una mamá y un papá". A lo largo de los años conocí historias de madres y padres que dejaron mucho que desear como tales...
Vuelvo a ver chicos del secundario vestidos de uniforme, o no, pero con banderas naranjas (color elegido internacionalmente para identificar a la familia "tradicional", por llamarle de algún modo). Algunos van acompañados de sus padres, y otros van con sus compañeros de colegio, como fui yo.
Todos y cada uno de ellos tienen derecho a ir si así lo creen conveniente. Ninguno tiene por qué asistir si no le informaron o enseñaron bien de qué se trata. No me parece justo hacer marchar a un ejército de púberes (y más chicos también) al son de un canto que declaman sus padres.
Pero pensar de manera independiente viene con la edad. Ay. Me siento un poquito más vieja, qué bueno.
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