Las falacias bien escritas se hacen verdades
Podría decirse que, por aproximación, el escribir con faltas de ortografía o de redacción se transforma en la versión gráfica de perder la razón por gritar o usar malas palabras. En realidad, hay veces en las que aunque la mayor parte del texto está bien escrito, hay un numerito, o una letrita fuera de lugar hacen saltar la térmica literaria.
Lo peor de todo no es que los “correctores ocasionales” corrijan detalladamente lo que otro quiso decir, aún si eso implica cambiarle el significado a la idea original (eso corre por cuenta del que escribió y no se hizo entender). El problema es que, al hacerlo, remarcan también la inferioridad del discurso del “autor” y la superioridad del propio.
Entonces, ya no importa quién tiene la razón, sino quién tiene más dominio de la lengua escrita. Quedan al margen los argumentos, sean verdades reales o aparentes. Si bien es cierto que las reglas de la lengua castellana están para ser respetadas, no creo que sea necesario tratar de bruto o mediocre a quien, en el afán de darse a entender, escribe como puede.
La canción no es la misma
La melodía de este canto me resultó conocida, como para cualquiera que hubiera sido un chico en este país y que hubiera ido la escuela: “A ver a ver // como mueve la colita // si no la mueve // la tiene paspadita”. Claro que, en la versión adulta y combativa, poco tenía de inocente la nueva letra del viejo juego… la frase final era “el gobierno hijo de puta” en lugar del clásico “la tiene paspadita”. Salvo por la nueva letra, la canción seguía siendo la misma.
La columna se movió, todavía entonando su canto, a lo largo de la calle Rodríguez Peña y cuando pasaron por enfrente de una escuela primaria ubicada en esa calle y la avenida Córdoba, los alumnos de jardín de infantes que estaban de recreo se sumaron al canto. No conocían la nueva letra, pero la melodía era la misma, así que cuando el guía les preguntó, megáfono en mano, si conocían la canción contestaron al unísono que sí.
Una vez que hubiera pasado el contingente por enfrente de la escuela los alumnos siguieron coreando la canción, con la letra de siempre, pero con otra entonación: ya no era picardía sino esa bronca que se le imprime a todo canto que está desesperado por ser escuchado. De alguna manera, la canción, y el juego, cambió para los chicos.
El ejemplo que la sociedad le da a los chicos es tan importante como las enseñanzas de sus maestras acerca de lo importante que es compartir en partes iguales todo entre sus compañeros. No nos olvidemos lo fácil que aprenden los chicos durante la edad de la inocencia, sobretodo cuando la melodía es vieja, aunque las palabras sean otras.
Construyendo las Torres de Babel
A él le parece raro que una ciudad ubicada en una zona geográfica tan llana no se expanda en sentido horizontal sino vertical. "Tiene que ver con la estigmatización del conurbano como zona de inseguridad", me sigue explicando. "Hay gente que vive peor en la capital que en provincia, pero prefiere vivir en capital igual", remata.
Quizás tiene razón, quizás todo quedó desde la época en que el gaucho Martín Fierro lidiaba con los malones en los fortines de la provincia de Buenos Aires (que por esos días quedaban tan lejos como Brandsen, a doscientos kilómetros del obelisco). “Es un país atravesado por la dicotomía“, me asegura. Y casi le doy la razón.
Después escucho la otra campana, la que retiñe y me dice que en realidad es la típica mentalidad de quien está acostumbrado a vivir en el conurbano de la ciudad de Buenos Aires, conocido oficialmente como AMBA (Área Metropolitana de… se entiende). Yo nunca pensé que alguien pudiera desconfiar de un edificio.
Claro que bien se puede mirar con recelo y tener una opinión reservada acerca de las intenciones de quienes construyen complejos edilicios de lujo en zonas donde en realidad están más necesitados de condiciones básicas como el agua potable y el suelo limpio que un shopping con marcas “de primer nivel”.
En las costas de Avellaneda y Quilmes se edificará una nueva suerte de Puerto Madero, que recibirá el nombre de Costas del Plata. Este emprendimiento urbano estará a cargo de una unidad de negocios del grupo Techint, según publicó el diario Perfil en su suplemento “El Observador”.
Estará situada nada menos que sobre un relleno sanitario (tierra donde antes había desechos) y en una de las zonas más golpeadas por las sucesivas crisis económicas argentinas. Pero al margen de la crónica periodística, es evidente que hay alguien que quiere ahondar en la dicotomía que divide no sólo la ciudad sino también sus alrededores…
¿Nos estarán queriendo apartar aún más?
Ya existe una exorbitante cifra de gente necesitada de trabajo, vivienda digna y, por el momento, también de asistencia gubernamental. Pero que además surjan de la nada y se expandan como traídos por esporas alrededor de la zona metropolitana es no sólo sospechoso sino también contradictorio: ¿quién financia y quién posee propiedades de ese valor?
Alguien está vendiendo humo. Mientras tanto, le cambian la fachada a la ciudad, a mi ciudad. Y ponen un plato de comida en la vereda de enfrente del que tiene hambre.
AC - Mafalda Chan
Me tomo cinco minutos...
Ghost, la sombra del amor...

Dos mujeres sostienen que un fantasma les hizo el amor
Si no hay límites para una mujer despechada, menos hay para dos. Lo extraño es que en este caso, el causante del desamor es un fantasma, o entidad paranormal, que ha estado “teniendo relaciones
sexuales” con dos mujeres al mismo tiempo.
Una de las mujeres empezó a sentir esta presencia hace dos años cuando vivía en Kent, Inglaterra. El fantasma amoroso podría haberla seguido cual amante encaprichado cuando ella se mudó a Federal Way. Entonces, el fantasma conoció a un nuevo amor: la compañera de casa de la primera “novia”.
Las víctimas todavía viven juntas y se presentaron ante la policía local para sentar la denuncia contra una “persona paranormal que había estado poniendo sensores en sus cuerpos, y que las había estado visitando en su casa” ubicada al sur en Federal Way.