Casi censuran a los Simpsons por el amigo gorila de Homero

El Comfer negó que fuera a prohibirse el capítulo de Los Simpsons en el que se hizo un chiste sobre Perón. En el episodio, Lenny, un amigo de copas de Homero, se mostró de acuerdo con tener una "dictadura como la de Juan Perón", alegando que "cuando él te desaparecía, tú permanecías desaparecido".

Por culpa de la falta de diplomacia de Lenny, la emisión del capítulo estuvo en duda, por lo menos en este país, donde hubo quejas a partir del pedido al Comfer del ex legislador y presidente del Insituto Juan Domingo Perón, Lorenzo Pepe, para que no pasaran el capítulo, que forma parte de la nueva temporada de la serie animada.

Aunque la nueva temporada todavía no llegó a la Argentina, el extracto del capítulo en discusión estuvo disponible en Internet hasta que la página Youtube decidió bajarlo para evitar quedar en medio de una polémica. Mientras tanto, gracias a la difusión que tuvo el extracto del show en youtube, 12 mil personas lo vieron antes de que comenzara la temporada número 19 en mayo en la Argentina.

Gabriel Mariotto, titular del Comfer, negó que fuera a censurar a los Simpsons por pedido de Pepe. "Es una irracionalidad pensar en estos tiempos de madurez argentina una represión o censura, aunque no pensemos lo mismo que los expresado en esa serie", declaró Mariotto, y dio a entender que el pedido del ex legislador fue contraproducente ya que "sólo logró que se vea como nunca ese capítulo".

¡Viva Cuba, Viva Raul!

Como en una suerte de ensueño, la isla de Cuba vive una etapa de apertura y cambio que no tiene desde hace décadas. Primero fue el acceso a los electrodomésticos, después a los celulares, seguidos del permiso de hospedarse en hoteles de lujo y la última novedad había sido la posibilidad de poseer y heredar las viviendas obtenidas por vinculación laboral.

Ahora le llega el turno a una de las reformas más esperadas y anheladas por los cubanos: el parlamento está estudiando un proyecto para permitir la entrada y salida de los ciudadanos de la isla.

El proyecto de reforma migratoria prevé la eliminación de la "tarjeta blanca", es decir, del permiso de salida que necesitan los cubanos. Sin esta tarjeta es imposible salir de la isla, lo que explicaría la existencia de los balseros.

Aunque no hubo ningún aviso oficial al respecto, el autor de la propuesta, Pedro Riera Escalante, quien fuera cónsul de la isla en México, explicó a la agencia alemana DPA que la reforma buscar terminar con las "desigualdades entre ciudadanos dentro y fuera de la isla", así como también que "los cubanos en general puedan invertir en el país, incluso si viven fuera".

El proyecto de reforma incluye no sólo la eliminación de la tarjeta blanca sino que también propone eliminar las medidas de confiscación de bienes de quienes abandonan la isla. Otro punto interesante es que, en un futuro, los cubanos que viven en el exterior podrían votar desde sus nuevas residencias.

Tal como difundiera el sitio Diario C, Riera Escalante tuvo que solicitar que el proyecto se debatiera públicamente y que llegara al pueblo para recaudar las 10 mil firmas que se necesitan para que sea tenido en cuenta.

Si Fidel expresó su malestar hacia las medidas implementadas por su hermano Raúl desde que asumió como presidente de la isla, cabe preguntarse qué opinará ahora que está este proyecto sobre la mesa.

Radio Taxi Cupido, gracias por viajar con nosotros

Era una madrugada oscura, helada y silenciosa. Las calles estaban prácticamente vacías a excepción de algunos taxis. Parecía como si fueran las tres, pero eran las seis menos cuarto. En estos días no hay mucha diferencia de luz entre una hora y la otra. Si no fuera porque sé con qué ligereza transcurren las horas de la madrugada, hubiera dicho que recién me había acostado cuando me desperté.

Salí a la calle dispuesta a encontrar un kiosko o panadería y la parada del colectivo, en ese orden. Pero nada de eso pasó. En vez, llegué a la avenida Santa Fe con el frío mordiendo mis muslos y el sueño pesándome en los párpados. Decidí tomar un taxi que estaba estacionado en la luz roja de Santa Fe y Rodríguez Peña. A medio trayecto, en medio de una conversasión soñolienta y miscelánea, el conductor me pregunta si estoy casada.

-¡Noooo! -contesto -estoy muy lejos de eso
-Pero te gustan los hombres... -añade él con un acento agudo y meloso en la palabra "hombres".
-Sí, pero...
-¿No has encontrado aún a tu príncipe? -me pregunta desplegando una tonalidad histriónica con toda su capacidad torácica.
-No, en vez he tenido que besar a cada sapo- le contesté, con mi usual humor de recién levantada.
-¡Ah! Pero has de besar a muchos sapos hasta encontrar a tu príncipe. El príncipe será aquél muchacho que te de vuelta la croqueta. Quizás hayas besado a sapos sin darte cuenta pero recuerda: un príncipe no debe ser ni seco ni menos falopero, porque esos no llegan a nada. (En este últimopunto acentuó la frase y la pronunció con voz grave y gutural).

Me bajé del taxi y llegué antes que nadie. El punto es: ¿mi chofer habrá sido el mismísimo Cupido, que compartió un poco de su sabiduría conmigo? Si solamente no hubiera estado tan dormida lo sabría...

Sociabilizando en un ascensor

La otra tarde llegué tarde, como de costumbre, a mi clase de canto -mi intento semanal por ser algo más que un ser tosco y sin gracia. Tenía que tomar el ascensor porque subir 14 pisos por escalera no era una opción.

Detrás mío entraron un hombre con su hijo a cuestas. Escuché al encargado del edificio dirigirse afable al niño diciéndole:

-Hola, Santi. ¿Cómo le va?

Ante la falta de respuesta, el hombre no pudo sino escusar al crío diciendo:
-Cansado del cole, ¿no?

Nuevamente, el niño se mantenía mudo y con la cara enterrada en el cuello de su progenitor. Murmuró algo al oído de su padre y cuando entramos al ascensor me miró por unos instantes.

Contrario a mi naturaleza indiferente a los niños, le dije "hola" y traté de sonar lo más amistosa posible. El pequeño debía haber perdido la capacidad de sociabilizar ese día, porque no dio respuesta alguna. Su padre, haciendo un esfuerzo porque su hijo no pareciera un ser antisocial, o simplemente un mocoso maleducado, le dijo:

-Decíle hola, Santi

Nada. Al llegar al sexto piso, padre e hijo se bajaron todavía fundidos en un abrazo. Entonces, el mocoso me dirigió una sola palabra:
-Adiós.

Luego le dijo risueño a su papá:
-¿Viste? Le dije adiós.

***

Moraleja: El hombre es un ser social, pero la incomunicación en los ascensores es preexistente a cualquier otra convención social.

Las vaquitas también son subterráneas

El subte aliena a la gente. La transforma en vacas, en bodoques incapaces de razonar. Es un efecto casi como el de los shoppings, sólo que en vez de comprar compulsivamente, la gente se te limita a zigzaguear por los pasillos esperando a que llegue la mole amarilla y pestilente que, pitando y resoplando, avanza como una elefanta en avanzado estado de gestación.

Hay que reconocer que el subte es rápido y eficiente, siempre y cuando esté funcionando y no se pare entre estaciones en el medio de los túneles. Los vagones están mal ventilados y la gente viaja como ganado, para seguir con la primera analogía. Además está el detalle de las monedas, el subtepass y otras formas de pago. Cada vez que pido dos viajes ruego porque me toque el pase con el 2x1 del combo italiano de Burger King.

La realidad entra y sale en cada estación cuando los vendedores ofrecen desde la guía T hasta orquillas. Más coyuntural es la presencia de excombatientes de Malvinas pidiendo limosna, a veces monetaria, y otras de la que cuesta dar, como el respeto. Lo más curioso es observar las tácticas de la gente en el subte.

Algunos pasajeros la tienen clara. Cuando se suben se mantienen cerca de la puerta para no tener que internarse y desinternarse dentro de la manada. Al abrirse las puertas en las estaciones se bajan del vehículo y vuelven a subirse ágilmente antes de que suene la señal sonora.

Están aquellos que se sientan y ponen una expresión estoica en sus caras mientras soportan el vaho y las axilas del resto en sus narices. Están los dolientes, que lamentan en el alma no poder ayudar a quienes piden una colaboración a cambio de una tarjetita. También abundan los justicieros, gracias a Dios, Ganesha y Zeus. Éstos bienintencionados viajantes se exaltan y saltan en defensa, por ejemplo, de las embarazadas que no tienen donde sentarse (y coaccionan a otro pasajero para que les ceda el lugar).

Pero no es cuestión de olvidar a los pasajeros moralistas: son aquellos que miran con desaprobación lo que ocurre en el vagón (como robos o mujeres embarazadas de 10 meses sin lugar donde sentarse), pero que, para no herir sensibilidades, se mantienen al margen de las situaciones. Todo es posible en un espacio reducido y repleto de argentinos en acción.

Finalmente, el tren subterráneo cubre su trayecto dentro del tiempo estimado, y la manada de pasajeros avanza en estampida a través de las estrechas puertas y escaleras arriba, donde la realidad las espera, con otros olores y apurones nuevos.